Ninguno de los mecanismos existentes de conservación, pública o privada, son suficientes para garantizar a largo plazo nuestros paisajes. Pero una combinación de estos mecanismos, como lo son las áreas naturales protegidas públicas o privadas, las Unidades de Manejo Ambiental (UMA), las temporadas de caza y veda, los permisos y las concesiones, puede dar excelente fruto.
Quizá una de las herramientas de conservación menos conocidas, entendidas y apoyadas son los jardines botánicos. En ellos se enseña al público a crear una hortaliza urbana casera que apoya a la economía familiar, a crear un jardín casero con plantas de la comunidad o a conocer la fauna nativa y su interacción con las plantas. En estos lugares también se hace trabajo de importancia científica y de conservación, como mantener con vida una planta amenazada en la naturaleza y que necesita los cuidados de un lugar seguro donde pueda recuperar su población antes de ser reintroducida al medio silvestre.
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